"Joder, me estaba escuchando...", se dijo Cía en el pensamiento.
Silencio.
—¿Puedes contestarme ya..., Cía...?
—¿Sabes?, en aquél momento no hubiese sabido decírtelo... Él ha sido mi pasado. Tú... Tú eres mi presente, pero no sé si podrás ser mi futuro.
»Supuestamente debería haberme ido ya a Zaragoza; pero no pude. Necesitaba encontrarte, saber que estarías bien cuando yo me fuese.
—¿Y cuándo te vayas?, ¿qué pasará conmigo? ¿Crees que estaré bien?
Silencio de nuevo.
—Dime si lo crees, Cía.
—No, sé que no lo estarás..., pero no puedo hacer nada...
»Tengo que irme y no puedo quedarme.
De pronto, oyeron ramas quebrarse en el suelo y ambos se giraron de repente.
—¿En serio creíais que ibais a ir muy lejos?, sobre todo con el inútil de David en ese estado... Jajajaja, ¡qué ignorantes!
Laura.
—¿Qué quieres, Laura...? —preguntó Cía sin entender cómo les había encontrado.— ¿No te cansas...?
—¿Crees que algo que me gusta, me cansa, cariño?
—Pensé que éramos amigas..., las amigas no se hacen esto, ¡Dios!
—¿Amigas? —preguntó Laura retóricamente—. No me hagas reír, yo nunca te he considerado "Amiga".
»Me acerqué a ti por David, simplemente. No podía hacerme a la idea de que mi chico estuviese en brazos de una zorra como tú.
»No lo conseguí del todo..., pero no me he dado por vencida, como habrás podido comprobar. El problema de todo, es que me estás cansando demasiado. Quieres hacerte la héroe y sólo me estás jodiendo.
—Te estoy, ¿qué...?
—¡Cállate! —chilló Laura—Tráele ya, Chistian.
"¿Traer...?, ¿a quién...?", pensó David.
De repente, vieron al "supuesto Christian" acercarse con un chico que parecía estar sacado de una antigua mazmorra, sin haber comido durante días, y sin haberse duchado durante un mes como mínimo.
Christian era alto, 1'85 aparentemente; tenía el pelo de color cobre y lo llevaba revuelto, sus bíceps se marcaban bastante debajo de la camiseta ajustada de manga corta que llevaba en aquel momento, y sus pectorales también... Pero lo que realmente llamó la atención de aquél chico, no fueron sus increíbles ojos grises... Fue, que el chico que llevaba agarrado de las muñecas, era Álex.
Si no hubiese sido porque Cía conocía de sobra a su ex novio, nunca habría adivinado que era él, "ese chico".
Tenía unas ojeras que le llegaban al suelo, moradas y con bolsas; la piel, la tenía sucia y estaba llena de tierra, no llevaba ninguna camiseta para el frío que hacia y se le notaban las costillas, sobresalientes.
Apenas habían pasado varios días..., pero por lo visto, nadie le había dado de comer. Seguía teniendo una venda cubriéndole los ojos, mugrosa y medio rota.
Christian empujó a Álex y éste cayó al suelo de rodillas. No podía articular palabra, y Cía únicamente quería chillar y pedir socorro; pero de repente vio lo que nunca pudo imaginar de una de "sus mejores amigas".
Laura sacó de la parte trasera de sus pantalones un revólver, lo puso en la cabeza del chico arrodillado, y mirando a Cía a los ojos, pronunció:
—¿Y ahora qué, Cía...? Elige. Álex, o David.
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