lunes, 8 de septiembre de 2014

Capítulo 22.

  Irene, tras ver salir a David por la puerta, subió lo más deprisa a la habitación de su hija, entró sin llamar, se sentó en el borde de la cama, y abrazó a Cía como solo una madre sabe hacerlo.

—¿Qué ha pasado, cariño?
—No quiero hablar del tema, por favor, mamá.

  Su madre se quedó pensativa, y seguidamente dijo:

—Tengo una idea. —Se levantó de repente de las sábanas blancas y continuó diciendo:— Esta noche, tu padre, tú y yo, nos vamos a cenar al restaurante "1881 per Sagardi". Te despejarás, y de paso verás a tu amigo Miguel, ¿te parece?
—¡Hace un año que no le veo, mamá!, ¡me parece genial!
—Nos vamos a las 9, tómate el tiempo que necesites.

  Y dicho aquello, besó a Cía en la frente y desapareció del dormitorio.

20:15 en la habitación de Cía...

"¡No tengo ni idea de qué ponerme! —se decía a sí misma—, necesito algo elegante, pero sin exagerar; algo provocativo, pero sin enseñar demasiado, no sea que piensen que soy una buscona..."

  Aquello era más difícil de lo que pensaba, había utilizado casi toda la ropa que se había llevado a Barcelona y no sabía qué hacer.
  Finalmente, del fondo del armario sacó un vestido que prácticamente era nuevo, no llevaba la etiqueta de compra puesta, pero no había sido utilizado.

"Veamos cómo me queda esto... —pensó introduciéndose aquel vestido desconocido por la cabeza, para así luego meter los brazos por las mangas."

  Era un vestido negro, ni muy largo ni muy corto, justo por encima de los muslos; las mangas le llegaban a los antebrazos, y tenía la espalda descubierta, era el vestido de encaje más precioso que había visto nunca, y sin duda, aquella iba a ser una buena noche para estrenarlo oficialmente.
  Se hizo una trenza de espiga a un lado y añadió un pequeño broche plateado en la parte superior de su cabeza. Se miró una última vez al espejo, se puso un poco de colorete y rímmel y bajó en busca de sus padres.

21:45 camino al restaurante "1881 per Sagardi"...

  "...Carrer Cermeño. Carrer de Ginebra. Plaça de Pau Vila, Número 3." 
  Se sabía las calles de memoria. Iban cada año; era su costumbre familiar. Aquel sitio no era barato, pero se lo podían permitir sin problema.

—¡No!, ¡No puedes ser tú! —chilló un chico a lo lejos con voz afeminada— ¡No puede seeer!
—Jajaja, sí, soy yo, Miguel, cómo cada año —le dijo Cía calmándole los nervios.
—Irene, Adrián... Pasad por aquí por favor —añadió dirigiéndose a sus padres.

  Cía y Miguel se conocían desde hacía más de seis años, él era mayor que ella cinco, y fue allí dónde se conocieron. Miguel era bastante atractivo, y volvía locas a todas las chicas, pero ya sabéis lo que dicen: "Si está bueno, o está casado, o es gay", y Miguel, era demasiado joven para caer en el matrimonio.
  Cuando se adentraron en el restaurante, Miguel le pegó un estirón al brazo de Cía, haciendo que ésta casi cayese.

—¿Pero qué te pasa, loco?, ¿tantas ganas tenías de verme, o es que quieres matarme?
—¡Hay algo que tienes que saber! —dijo Miguel aguantando la respiración.
—¡Dilo, que vas a ahogarte!
—¡EL GRUPO DVICIO HA VENIDO A CENAR!

No hay comentarios: