—¿Qué pasa Cía, te noto diferente?
En lo que llevaban de camino, no había parado de mirar al suelo, intentaba no quedarse embobada con la mirada de David, pretendía olvidar por un momento lo que aquel chico le hacía sentir, pero nada, le resultaba totalmente imposible.
—¿Hola?, Planeta Tierra llamando a Cía, ¿hay alguien ahí? —dijo David sacudiendo su mano delante de la cara de ella para llamar su atención.
Ambos se quedaron mirando y soltaron una carcajada.
—Mira que eres idiota —contestó poniéndose roja—, pero sí, estoy aquí.
—Sí, un idiota al que le encanta hacerte sonreír —dijo David mirando a Cía—, y el cual te encanta.
David le dio un rápido beso en los labios y echó a correr.
—¡CAPULLO! —chilló Cía— ¿Ahora por qué corres, eh?, ¿tienes miedo de que te pille?
—¿¡Qué dices!? —contestó David alzando la voz— ¡Desde aquí no te oigo!
David hacía gestos a lo lejos acercándose la mano a la oreja, insinuando que no la oía, y Cía, picada, echó a correr tras él. Corrían cada vez más deprisa, uno intentado alejarse, y el otro intentando cogerle.
"Me hace sentirme como hace tiempo que no me sentía —iba pensando David—, como un niño."
—¡Te pillé! —dijo Cía con la respiración entrecortada— A saber..., en qué..., pensabas...
—Eh, respira, respira —respondió David sonriendo—, no pensaba en nada, pero me sabía mal hacerte correr tanto.
Cía, fue a pegarle un puñetazo en el hombro a David, pero éste le cogió la muñeca.
—Tengo buenos reflejos, chica sin habla.
Cabreada, hizo lo mismo con la mano que tenía libre, pero de nuevo, fue cogida.
—Veo que no te rindes, eh —dijo David con las dos muñecas de Cía entre sus manos.
—Veo que vas de chulo, eh —contestó Cía con rabia.
—¿Y no te gusta?
—No.
—Cía, no sabes mentir, al menos tus ojos no dicen lo mismo.
E instintivamente cerró los ojos.
—¿Y ahora, me crees? —y sonrió.
David no contestó. La miró, de nuevo, no se cansaba de hacerlo, de ver lo perfecta que tenía la piel, —¡y dios!, esa boca—, le daba igual lo que hiciera ella después, pero la ocasión era perfecta, y necesitaba besarla otra vez. Así que no lo dudo, y aprovechando que seguía con los ojos cerrados se acercó a su boca.
—Si no tuviese tus manos agarrando mis muñecas juraría que te ha tragado la tier...
Antes de que terminase la frase, David ya tenía sus labios con los de ella, volvía a sentir ese cosquilleo en el estómago, esas ganas infinitas de decirle que era perfecta.
Cía se separó poco a poco de él y se quedó mirándole.
—¿Por qué lo has hecho, David?
—Simple, me apetecía hacerlo.
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—¿Te ha molestado? —preguntó extrañado.
—No, tranquilo, me ha pillado por sorpresa —respondió Cía—, ¿podemos irnos?
—Sí, claro.
Ambos empezaron a caminar de nuevo, pensando en lo que acababa de pasar. Cía no sabía por qué él había hecho aquello, ¿por qué se fijaba en ella habiendo mil chicas mejores?
Llegaron a su casa y Cía buscó las llaves en su bolso, abrió la puerta con las manos un poco temblorosas, y entraron.
—¿Cenamos pizza? —sugirió Cía.
—Sí, claro —contestó David ya sentado en el sofá.
—Ahora vuelvo, voy un momento arriba.
Cía subió las escaleras y fue directa a su habitación, se puso sus pantalones cortos y su camiseta de "Los Simpsons" y recogió la ropa que había encima de la cama y de la silla de su escritorio. Al salir, se dirigió a la habitación de sus padres, buscó una camiseta que no usase mucho su padre y unos pantalones de chándal. Por suerte él y David tenían una estatura parecida, y casi la misma talla de pantalón.
Mientras bajaba las escaleras, vio a David quitándose la camiseta, vio su perfecta espalda, y las pecas que tenía. Respiró y siguió bajando.
—Mira a ver si te cabe —dijo Cía dándole la ropa.
David, sin pensarlo dos veces se puso la camiseta y se quitó los pantalones para ponerse los otros.
—Pues mira por dónde, sí me cabe —dijo riéndose.
—Mira que eres idiota —contestó riendo Cía—, ¿me ayudas con la cena?
—Por supuesto, señorita, eso ni se pregunta.
En casa de Cía acostumbraban a hacer la masa de la pizza ellos mismos, por lo que tenían que usar harina, y Cía ya sabía que eso no era una muy buena idea.
—¿No tenéis base de pizza hecha ya? —preguntó David extrañado.
—No, aquí las hacemos caseras.
—Entonces me da a mí que vamos a divertirnos.
Al cabo de un rato, en la cocina daba la sensación de que acababa de nevar, y el aspecto de ambos no era para menos.
—Bueno, espero que la pizza nos haya salido buena —dijo David echándose a reír.
—Después de cómo me has puesto, más te vale.
—Ahora necesito una ducha, y puesto que no vas a querer ducharte conmigo..., tendré que ir haciéndome el ánimo de ducharme solo, ¿verdad?
—Pues sí —dijo seria Cía—, al subir las escaleras, la última puerta a la derecha.
—Era broma, mujer, mete la pizza en el horno y en menos de diez minutos bajo.
—Está bien.
David subió corriendo las escaleras y Cía puso la pizza en el horno. Ella también necesitaba una ducha urgente, pero ya lo haría cuando David saliese del cuarto de baño, ni en broma iba a meterse con él. Aún así, soltó una ligera risa al pensarlo.
Ding. Dong.
"—Dios. ¿Y ahora quién podrá ser?, ¿y si son mis padres?", la cabeza de Cía parecía un mar de preguntas, "pero si tenían que volver mañana por la mañana..."
Se acercó sigilosamente a la puerta, miró a través de la mirilla, y no pudo creerse lo que veían sus ojos... Abrió la puerta despacio y le miró a los ojos.
—¿Qué haces aquí, Álex?
—Vaya, Cía, yo también me alegro de verte...
2 comentarios:
Estoy impaciente de que subas otro capitulo, me ha encantado.
Atte: @__rem3mber
A ver enana, me tienen enganchado como un maldito niño pequeño, estoy deseando saber como acaba nuestra histori. Atte: Pol.
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