—¿Por qué llevas harina en la cabeza? —preguntó Álex extrañado.
—Repito... —dijo Cía— ¿Qué haces aquí?
—Repito... —dijo Cía— ¿Qué haces aquí?
Álex miró al suelo y seguidamente a los ojos color miel de ella y respondió:
—Te echaba de menos y necesitaba verte.
—Álex, ya hablaremos, ahora mismo estoy ocupada.
—¿Podemos quedar mañana para comer?, me quedo esta semana y no tengo nada que hacer —siguió insistiendo el chico.
—Álex, ya hablaremos, ahora mismo estoy ocupada.
—¿Podemos quedar mañana para comer?, me quedo esta semana y no tengo nada que hacer —siguió insistiendo el chico.
Cía solo quería que se fuese, no podía ver a David, y mucho menos que David le viese a él.
—Ya hablaremos mañana, ahora te tengo que dejar.
—Está bien, Cía, ya te llamo mañana... Por suerte no borré tu número.
—Está bien, Cía, ya te llamo mañana... Por suerte no borré tu número.
Y dicho esto al intentar cerrar la puerta, David chilló:
—¡Chica sin habla!, ¿¡te vienes ya a la ducha!?, te estoy esperando.
La cara de Cía de repente empalideció y Álex solo supo hacer una cosa... Preguntar de nuevo.
—Estás con alguien más, ¿verdad?
—Eso no es asunto tuyo —respondió ella—, ya hablamos.
—Eso no es asunto tuyo —respondió ella—, ya hablamos.
Y cerró la puerta. Se apoyó en ella, y se sentó, acercó sus rodillas a su pecho y una lágrima resbaló por su mejilla. De repente bajó David por las escaleras únicamente con una toalla en la cintura. Su torso parecía que acababa de salir de los dedos de cualquier escultor, era perfecto, sin vello y con unos abdominales que dejaban realmente sin palabras.
Se secó la cara y tragó saliva, realmente le hubiese encantado ducharse con él, y lo sabía.
Se secó la cara y tragó saliva, realmente le hubiese encantado ducharse con él, y lo sabía.
—¿Te ha ido bien la ducha, señorito?
—Me podría haber ido mejor, pero bueno —dijo intentando disimular las ganas que tenía de ducharse con ella—, otra vez será.
—Pues ahora voy yo, en 10 minutos bajo y cenamos, saca la pizza del horno, pon la tele, limpia un poquito la cocina, y si eso busca algo para ver, no tardo.
—Sí sargento —dijo David soltando una carcajada.
—Eres idiota —dijo Cía, y sonrió.
—Me podría haber ido mejor, pero bueno —dijo intentando disimular las ganas que tenía de ducharse con ella—, otra vez será.
—Pues ahora voy yo, en 10 minutos bajo y cenamos, saca la pizza del horno, pon la tele, limpia un poquito la cocina, y si eso busca algo para ver, no tardo.
—Sí sargento —dijo David soltando una carcajada.
—Eres idiota —dijo Cía, y sonrió.
Subió las escaleras sin ganas, porque lo único que le apetecía era estar sentada en el sofá con él, pero decidió no demorarse y así acabar temprano, tal y cómo había dicho.
Se quitó la ropa rápidamente y se metió en la bañera, le apetecía un baño relajante de espuma y sales minerales, pero hoy no iba a ser el día. Abrió el grifo y dejó que el agua cayese sobre su cabeza, eliminando los restos de harina que quedaban y el pequeño recuerdo del momento hacía diez minutos en la cocina. Se puso a pensar; necesitaba saber por qué Álex había vuelto, por qué ahora y no dos meses antes, quería averiguar qué sentía al estar con David, con el “perfecto David”, y por qué no podía sacarse a su ex de la mente.
La cabeza iba a estallarle de un momento a otro, así que dejó de pensar en ambos y salió de la bañera. Se secó, se puso su particular pijama y bajó al comedor.
Al ver todo aquello no pudo creérselo.
Se quitó la ropa rápidamente y se metió en la bañera, le apetecía un baño relajante de espuma y sales minerales, pero hoy no iba a ser el día. Abrió el grifo y dejó que el agua cayese sobre su cabeza, eliminando los restos de harina que quedaban y el pequeño recuerdo del momento hacía diez minutos en la cocina. Se puso a pensar; necesitaba saber por qué Álex había vuelto, por qué ahora y no dos meses antes, quería averiguar qué sentía al estar con David, con el “perfecto David”, y por qué no podía sacarse a su ex de la mente.
La cabeza iba a estallarle de un momento a otro, así que dejó de pensar en ambos y salió de la bañera. Se secó, se puso su particular pijama y bajó al comedor.
Al ver todo aquello no pudo creérselo.
La mesita de cristal que estaba frente al sofá estaba llena de jazmín, habían dos vasos llenos de Coca-Cola y una pizza cortada en forma de corazón —supuso que el resto se lo había comido él, pero en ese momento fue lo que menos le importó—.
En el suelo habían dos cojines y en la televisión estaba puesta la película “Un paseo para recordar”, una de sus favoritas.
En el suelo habían dos cojines y en la televisión estaba puesta la película “Un paseo para recordar”, una de sus favoritas.
Se acercó por la espalda a David, le rodeó el cuello con ambos brazos y le besó.
—Gracias... —dijo entre susurros.
—Yo no he hecho nada, Cía, gracias a ti.
—Yo no he hecho nada, Cía, gracias a ti.
Al acabar de cenar, se tumbaron en el sofá. Cía apoyó su cabeza en el pecho de David, mientras este le acariciaba el pelo.
De repente David se quedó mirándola.
—Cía..., tengo que hacerte una pregunta.
En ese momento pensó en lo peor, no tenía motivos, pero no podía esperar nada bueno. Aún así tragó saliva y respondió:
—Claro, dime.
1 comentario:
Dios mio , cada vwz que escribes in capitulos me muero de ganas de leer el siguiente, ojala pudieses escribirlo y poderlo leer tan rapido como lo hago en estos. Son peedectos.
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