—Iba a irme hacia casa ya, y te he visto —dijo David—. ¿Te importa si te acompaño un trozo...?
—No, para nada, pero... —respondió Cía con extrañeza—, he quedado con mis padres para ir a cenar y tengo algo de prisa.
No sabía por qué le había mentido, por qué de su boca habían salido esas palabras; no tenía prisa por llegar a ningún sitio, y eran las 8 y media de la tarde, por lo que sus padres aún tardarían en llegar al apartamento.
—Tengo costumbre en caminar rápido —dijo. La miró sonriendo y añadió:— Ya sabes, Barcelona es bastante grande, y, o te das prisa o llegas tarde a todos los sitios.
—Está bien, como quieras...
David volvió a sonreír.
Su sonrisa era la más bonita que había visto hasta el momento, tenía los dientes con una perfecta tonalidad blanca, y además, sus labios eran de aquellos que al mirarlos te quedabas sin palabras; en resumen, la boca de David incitaba a ser besada.
"Deja de pensar en su boca, ese chico no va a fijarse en ti y lo sabes", iba pensando Cía mientras caminaban. Le extrañaba que ella, que últimamente no solía relacionarse con nadie, estuviese allí, con él.
—...¿me has escuchado? —preguntó David confuso.
—¿Eh...?, sí, sí, perdona, ¿decías?
—No, no me has escuchado, Cía —dijo David soltando una carcajada—, llevas casi diez minutos pensando en algo, desconectada del mundo.
—Perdona, no pretendía ser maleducada; no te preocupes, no pasa nada.
A Cía se le subieron los colores a las mejillas.
—No importa, tranquila. Me voy por ahí, ¿vale? —comentó señalando la calle contraria a la que se dirigía Cía—, a ver si nos vemos pronto.
—Claro, eso espero... —respondió ella, intentando esconder sus ganas de decirle que se moría por verle de nuevo.
—Ah..., por cierto, —añadió. Le cogió el brazo y le dijo:— mañana por la noche hay una pequeña fiesta aquí en la playa, ya sabes, buena música, buen ambiente..., lo típico, si te apetece venir, supongo que estaré por allí.
Bingo, era justo lo que necesitaba escuchar.
—Intentaré ir, pero no aseguro nada —dijo ella soltándose de él.
Rozarle era sinónimo de sentir escalofríos por su cuerpo, y desconocía la causa, únicamente sabía que no iba a fallar a aquella fiesta pasase lo que pasase.
—Espero verte... —dijo David. Le guiñó un ojo y se fue.
Solo quedaba un día, pero a ella iba a parecerle una eternidad.
Al día siguiente en un apartamento cualquiera de la playa de la Barceloneta sobre las 11:30 en el grupo de WhatsApp de las chicas...
"Cía: No hagáis planes para esta noche, chicas, tenemos fiesta en la playa.
Marta: Con quién has quedado esta vez, ¿eh?, jajaja
Laura: ¿Fiesta, en la playa?, explica que me pierdo, nena.
Cía: David me ha dicho que esta noche hay fiesta, buen ambiente y tal..., y he pensado, ¿por qué no?
Laura: Por mí perfecto, eh, y encima con él, pues... no hace falta decir más, jajaja
Marta: Claro, por qué no, allí estaremos."
Cía pasó el día pensando en qué se pondría, en qué iba a decirle a David al verle, qué iba a pasar esa noche...
Estaba nerviosa y lo único en lo que podía pensar era en él.
1 comentario:
Como escribes, jdr.
Sigueme pls @sandramalibu12
Eres increible.
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