lunes, 7 de abril de 2014

Capítulo 2.

—Lo siento, me tengo que ir, —dijo ella cogiéndole el balón y despidiéndose con la mano— a ver si nos vemos pronto.
Claro —contestó David casi balbuceando—, cuando quieras.

  Cía se fue, con el pelo al viento, con esa silueta que a cualquiera en su sano juicio embelesaría, mientras lanzaba al aire el balón lleno de arena que David le había dado, sus amigas le observaban llegar, y él la seguía con los ojos brillantes conforme iba alejándose.

  "¿Y ahora qué?", pensó David. "No puedo quedarme como un idiota observándola sin que se dé cuenta, pero tampoco deseo irme, porque seguramente no la volveré a ver..."

En ese mismo momento, a varios metros de David...

—¿Lo has visto bien? —gritó Marta como una loca— ¡Está muy bueno, Cía!
—Estoy de acuerdo con Marta, —afirmó Laura— le habrás preguntado al menos el nombre, ¿no?
—Se llama David, si tanto os interesa, —dijo Cía con un tono bastante seco— y ahora, ¿podemos seguir jugando, chicas?

  Marta y Laura no añadieron nada y se hicieron a la idea de que el "Tema David" no iba a salir más durante aquella tarde, que se había zanjado, al menos por el momento.
   Desde que Álex y Cía lo dejaron, ella apenas había tenido ganas de nada, no le apetecía salir de fiesta como cualquier chica de dieciocho años, prefería quedarse en casa leyendo alguna que otra de sus sagas favoritas como "Cincuenta sombras de Grey" o "Los juegos del hambre", y ver películas hasta quedarse dormida.
  
  Había llegado a Barcelona hacía apenas dos semanas, iba a quedarse allí durante los dos meses de verano con sus padres, y aunque ella no quería irse de su pequeña Zaragoza, sabía que era lo mejor para intentar olvidarle. Quería pasar página de una vez por todas, —¡qué decía pasar!, quería quemar el libro— y el verano era su mejor solución.
  Continuó jugando con Marta y Laura, aunque sin poner sus cinco sentidos en el juego, en su mente no paraba de salir aquel chico, y no, ella se negaba a seguir pensándole, no quería volver a pillarse por nadie, pues bastante mal lo había pasado.

—Nena, ¿te pasa algo?, ya has perdido el balón cincuenta mil veces, y eso es muy raro en ti —le dijo Marta.
—No, no, para nada, simplemente estoy cansada, creo que me voy a ir a casa... —contestó Cía con un tono apagado de voz.
—Como quieras, Laura y yo tampoco tardaremos en irnos, pero de momento nos quedamos, a ver si tenemos tanta suerte como tú y ligamos, que ya es hora —le respondió soltando una carcajada—, mañana nos vemos a la misma hora.

  Cía se despidió de sus dos amigas y comenzó a caminar hacia su apartamento, se puso los cascos y eligió la primera lista de reproducción de música, "Pentagramas" de Rasen sonaba en sus oídos y eso era lo único que necesitaba.
  De repente, alguien le tocó la espalda, y ella se giró asustada, era extraño, ya que nadie la conocía allí salvo sus amigas, y ellas se habían quedado en la playa; pero enseguida le reconoció, esos ojos verdes azulados y esa capucha...
David.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Rasen y tu novela= DE LO MEJOR QUE HAY JODER.

Anónimo dijo...

te quiero