—¿Por casualidad?, ¿qué quieres decir con que no vine a Barcelona por casualidad? —Preguntó asustada Cía.
—A veces tiendo a pensar que eres más tonta de lo que pareces, chica.
»No viniste por casualidad porque, adivina quién es el jefe de tu padre... Voilà!, mi padre. Únicamente necesité mover un par de hilos para que en seis meses como máximo, mi padre despidiera al empleado que llevaba esta zona de Barcelona en verano, y se la asignase al tuyo. No fue difícil... Pero no veníamos a hablar de eso.
Cía no se podía creer lo que estaba escuchando, sus oídos no daban crédito a aquello...
—Obviamente, que tú y David os conocieseis no entraba dentro de mis planes, y que él se enamorase de ti, mucho menos; pero bueno... A veces aparecen piedras en tu camino, ¿no, querida? —Dijo mirando fijamente a Cía.
David, que observaba aquella imagen mientras yacía en el suelo, apenas podía abrir los ojos; estaba cansado, agotado, necesitaba beber y sobre todo salir de allí cuanto antes.
—¿Qué más quieres, Laura? —Volvió a preguntar Cía— El contrato de mi padre ya ha terminado, nos vamos en nada a Zaragoza de nuevo..., David vuelve a ser tuyo...
Cía no se creía sus propias palabras, y Laura menos.
—Después de todo lo pasado..., ¿vas a dejarle ir sin más...? Qué poco creíble eres. ¿En serio te crees que me chupo el dedo? —Dijo Laura soltando una leve carcajada con un tono un tanto irónico.
Silencio.
Cía se colocó el mechón de pelo que le caía sobre la cara detrás de la oreja con gracia. Se levantó, dejando a David con cuidado a sus pies, se secó las lágrimas de sus mejillas y mirando directamente a Laura, susurró:
—¿Sabes?, ya me dan igual; como si los matas, a ambos.
—Si eso quieres, así se hará.
Y mientras Laura pronunciaba esas palabras, Cía les daba la espalda a todos...
Se oyó un único disparo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario