martes, 27 de enero de 2015

Capítulo 38.

—¿Por casualidad?, ¿qué quieres decir con que no vine a Barcelona por casualidad? —Preguntó asustada Cía.
—A veces tiendo a pensar que eres más tonta de lo que pareces, chica.
»No viniste por casualidad porque, adivina quién es el jefe de tu padre... Voilà!, mi padre. Únicamente necesité mover un par de hilos para que en seis meses como máximo, mi padre despidiera al empleado que llevaba esta zona de Barcelona en verano, y se la asignase al tuyo. No fue difícil... Pero no veníamos a hablar de eso.

  Cía no se podía creer lo que estaba escuchando, sus oídos no daban crédito a aquello...

—Obviamente, que tú y David os conocieseis no entraba dentro de mis planes, y que él se enamorase de ti, mucho menos; pero bueno... A veces aparecen piedras en tu camino, ¿no, querida? —Dijo mirando fijamente a Cía.

  David, que observaba aquella imagen mientras yacía en el suelo, apenas podía abrir los ojos; estaba cansado, agotado, necesitaba beber y sobre todo salir de allí cuanto antes.

—¿Qué más quieres, Laura? —Volvió a preguntar Cía— El contrato de mi padre ya ha terminado, nos vamos en nada a Zaragoza de nuevo..., David vuelve a ser tuyo...

  Cía no se creía sus propias palabras, y Laura menos.

—Después de todo lo pasado..., ¿vas a dejarle ir sin más...? Qué poco creíble eres. ¿En serio te crees que me chupo el dedo? —Dijo Laura soltando una leve carcajada con un tono un tanto irónico.

  Silencio.

  Cía se colocó el mechón de pelo que le caía sobre la cara detrás de la oreja con gracia. Se levantó, dejando a David con cuidado a sus pies, se secó las lágrimas de sus mejillas y mirando directamente a Laura, susurró:

—¿Sabes?, ya me dan igual; como si los matas, a ambos.
—Si eso quieres, así se hará.

  Y mientras Laura pronunciaba esas palabras, Cía les daba la espalda a todos...
  Se oyó un único disparo.

lunes, 12 de enero de 2015

Capítulo 37.

"19:45 aquel día en la playa de la Barceloneta...

"Esos ojos...
  Esos ojos los he visto en algún sitio. Me resultaría imposible olvidarme de ellos... Imposible...", pensaba Cía mientras se alejaba de aquél chico que le había devuelto su balón de volley... "¿Pero dónde?"

—¿Lo has visto bien? —gritó Marta como una loca— ¡Está muy bueno, Cía!
—Estoy de acuerdo con Marta, —afirmó Laura— le habrás preguntado al menos el nombre, ¿no?
—Se llama David, si tanto os interesa, —dijo Cía con un tono bastante seco— y ahora, ¿podemos seguir jugando, chicas?

»—¿Qué pasa, Cía? —preguntó Marta extrañada por la pregunta tan antipática de su amiga.
—¿Conocéis a ese chico...?, me suena de algo...
—¿De qué te va a sonar, si David es de aquí y tú no? —Contestó agresivamente Laura.
—No, nada... —Respondió Cía volviendo de nuevo al juego.

  Había llegado a Barcelona hacía apenas..."

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En aquel mismo momento, a escasos metros de Álex y Laura.

—Laura, suelta la pistola, por favor —suplicó Cía entre sollozos.
—Recuerdo que le dijiste que no querías verle ni saber nada de él, ¿no, querida?; o no, eso fue a David... —Dijo la chica sonriendo maliciosamente.— Entonces, ¿puedo cambiar de personaje en mi preciosa película?
—Estás loca, Laura... —murmuró entre dientes David.
—¿Qué has dicho, bonito?

  David no contestó. Apenas le quedaban fuerzas.

—Bueno, digas lo que digas, me importa una mierda. A lo que iba —continuó hablando la psicópata de la pistola—; despídete, Cía.
»Aunque espera... Pensándolo mejor, deberías saber algo antes que nada...
»Quizá recuerdes aquella conversación que tuvimos en la playa, cuando me preguntaste si conocíamos a David, y te dije que no, como si fuese la mayor locura del mundo. ¿Recuerdas la conversación?

  Cía asintió.

—¡Dilo!
—Sí, Laura, la recuerdo, ¡Dios!, ¿qué pasa?

  Laura, inspiró fuertemente y continuó diciendo.

—¿Sabes por qué te sonaba ese chico —dijo señalando a David, que en ese momento estaba tirado en el suelo entre los brazos de Cía...— de los ojos verdes azulados?, ¿eh?
»Porque aquella Nochevieja, la petición de amistad, que supuestamente te envió él, la envié yo.

  Cía abrió la boca de par en par. No se esperaba para nada aquella confesión.

—¿Tú, Laura...?, ¿por qué...?
—Para entonces él y yo estábamos juntos; entre nosotros no iban bien las cosas, y últimamente pasaba bastante tiempo en el ordenador, pero yo qué iba a imaginar que sería por ti.
»Ese día entré en su ordenador, mientras él estaba con nuestros amigos, y revisé su historial de internet. Vi que entraba continuamente en un blog, escrito por una tal Cía, y aquello no me preocupó; hasta que vi que comentaba en casi todas sus publicaciones... Que se escribía por e-mail con ella, aunque claro, con otra cuenta de Gmail diferente, y que tonteaba a costa mía.
»Quise averiguar quién era la zorra que mediante palabras me estaba quitando lo que era mío. Y te encontré. 
"Cía Beltrán".
Allí estabas. Más fácil que haber encontrado el sol en pleno cielo despejado.
»Fue entonces cuando te envié la solicitud de amistad, y por suerte o por desgracia la cancelaste. Pero todo sucede por algo, querida Cía; tú no ibas a venir a Barcelona por casualidad.