domingo, 25 de mayo de 2014

Capítulo 8.

  David le pegó un puñetazo en el hombro a Sergio y éste último hizo amago de devolverle el golpe, pero ambos se miraron y rompieron a reír. Cía se les quedó mirando extrañada; no entendía nada.

—No le hagas caso, Cía —añadió de repente David—. Es idiota.

  Dicho esto, después de unas cuantas risas, Sergio preguntó:

—¿Y ahora qué?
—¿Os apetece ir al cine? —dijo Marta—, allí no hará tanto calor como aquí.
—¿Tú qué?, ¿estás forrada? —contestó Sergio con tono burlón. La miró, le sonrió con esos dientes tan perfectos, y le guiñó el ojo— Que es broma, tonta.

  Y le apretó la mejilla mientras reía.

—Mucha confianza has cogido tú, ¿no, Sergio?, pero bueno, soy Marta, encantada —dijo tendiéndole la mano.
—En mi casa no hay nadie —dijo de repente David—, ¿por qué no vamos allí a ver unas cuantas películas y hacemos palomitas?, el cine está muy caro.
—También es otro plan —respondió Miri.
—Entonces no hay más que hablar, ¡todos a mi casa!

  Mientras todos caminaban en dirección a la casa de David, Cía se iba quedando atrás, no paraba de pensar en esa última semana, en cuántas veces había visto a ese chico de ojos verdes azulados sonreír, más bien sonreírle, cómo estaba haciendo en ese mismo momento.
  Como si le hubiese leído la mente, David aminorizó el paso hasta llegar a su lado, y le preguntó:

—¿Pasa algo, chica sin habla?
—Em... No, no te preocupes, David, simplemente estoy cansada, creo que voy a irme a casa en nada...
—Sinceramente... Quería estar más tiempo contigo, pero si estás cansada...
—Yo esta noche no querría estar sola...
—¿Y tus padres?
—Hasta mañana por la tarde no vienen...

  De repente Cía notó cómo el nudo del estómago se le iba subiendo a la garganta, cómo se le empañaban los ojos, y de qué manera le resbalaban las lágrimas por las mejillas.

—Eh... —dijo David al darse cuenta de la situación—, no me llores, por favor... Ven, anda.

  Y la abrazó.

  Notó su pulso acelerándose al acercarse a su cuerpo, cómo una pequeña fuente de adrenalina le recorría por las venas, y en lugar de asustarle, le iba gustando cada vez más.
  Ella por otra parte se sentía bien, cómo hacía mucho tiempo que no se sentía, se sentía protegida entre sus brazos, y el mundo exterior desaparecía durante esos instantes.
  Era la primera vez que alguien, le abrazaba después de Álex, ni siquiera sus amigas lo habían hecho en todos esos meses.

—Gracias... —dijo entre sollozos Cía— De verdad.
—Sé que lo necesitabas, y quizá casi tanto cómo yo... —contestó David. Y de nuevo la volvió a abrazar.

—¿Podéis ir más rápido, tortolitos? —chilló Sergio desde lo lejos.

  Marta al ver a Cía con los ojos más rojos de lo normal, no dudo en acercarse para ver qué ocurría.

—¿Qué le has hecho ahora? —dijo dirigiéndose a David con un tono amenazador.
—Hacer lo que ella necesitaba que hiciese; abrazarla.
—Marta, estoy bien, tranquila, pero voy a irme a casa, estoy muy cansada y quiero dormir...
—¿De verdad estás bien, nena?, ¿quieres que te acompañe?, no tengo ningún problema, eh.
—Tranquila, ya me encargo yo de acompañarla —le dijo con un tono suave David a Marta.
—¿Estarás bien...?, cualquier cosa que necesites, avísame cariño, por favor —repitió Marta.
—Lo haré, no te preocupes —contestó Cía, y dicho esto se fue con David hacia su casa.

lunes, 12 de mayo de 2014

Capítulo 7.

  Cía se quedó sorprendida; de toda la gente que podía ir a su casa, la última persona que se hubiese imaginado que iría, era David.
  Y allí estaba delante de ella, mirándola sin dejar de sonreír.

—Bueno, chica sin habla, ¿no vas a decir nada?

"Seguro que estará pensando que ya me tiene cómo suele tenerlas a todas", pensó Cía.

—¿Por qué no te vas con tu novia?, seguro que no le parecerá bien que vayas por ahí invitando a comer a chicas que no conoces.

  La sonrisa de David desapareció de repente y de nuevo volvió a salir convirtiéndose en una carcajada.

—¿Te estás riendo de mí? —preguntó Cía extrañada.
—Me estoy riendo de la situación, y de lo preciosa que estás celosa —dijo David. Suspiró y seguidamente añadió:— Miri, la chica de la playa, si te refieres a ella, es mi prima, Cía.

  No pasó ni medio segundo cuando todos los colores se le subieron a las mejillas.

"Vale, me siento un poco imbécil", pensó mirando hacia el suelo Cía, "un poco bastante".

—Esto..., perdón, no lo sabía...
—No tienes de qué preocuparte, he de admitir que si yo te hubiese visto con un chico que no fuese yo, también, lo más seguro, es que me hubiese puesto así —dijo de nuevo sonriendo David—. Y bueno, ¿qué me dices?, ¿vamos a comer?

  Cía se quedó un segundo pensando y recordó que sus padres no estaban en casa, que ya tenía la comida preparada, pero sobre todo... ¡Que iba en pijama!

—¡Oh Dios! —exclamó Cía tapándose lo que pudo con la camiseta.
—No te preocupes —dijo riéndose David—. Tienes unas piernas preciosas.
—Siento decirlo, David, pero no puedo ir a comer, ya si eso nos vemos en otro momento.

  Se moría de ganas por ir a comer con él, por besarle de nuevo, pero no pensaba ponérselo tan fácil.

—Bueno, cómo quieras —dijo algo decepcionado David—. Si te apetece esta tarde estaré por la playa con mis primos...
A ver si te veo, chica sin habla.

  Le guiñó un ojo, y se fue.
  
  Y allí estaba ella, con su pijama puesto, en la puerta de la calle viendo cómo se iba aquel chico de los ojos verdes azulados, con su particular chaqueta con capucha.
  Entró corriendo en casa, puso en marcha el microondas para que fuese haciéndose la comida y subió lo más deprisa posible las escaleras hasta llegar a su habitación. Cogió el móvil, marcó el número de Marta y le contó todo lo ocurrido: quién era la chica de la playa, que David había ido a buscarla y que le había dicho que fuese esa tarde a la playa.

— ¿Entonces a qué esperas? —chilló Marta a la otra parte del teléfono. Y con voz burlona dijo:— ¿no vas a ir a conocer a su primita?

  Ambas rieron al unísono y acabaron por elegir que el plan de aquella tarde iba a ser ir a la playa.

Sobre las 19:00 en un lugar cualquiera de la playa de la Barceloneta.

—¿Son aquellos? —dijo Laura señalando a David, Miri y un chico que iba a su lado.
—Creo que sí —contestó Cía.

  Las tres chicas se acercaron donde estaban los demás y se presentaron.

—Soy Sergio, encantado —dijo el chico nuevo—. El hermano de Miriam. Tú debes de ser... Cía, la novia de mi primo, ¿me equivoco?

  Cía se quedó con la boca abierta.

—¿Perdón?

lunes, 5 de mayo de 2014

Capítulo 6.

  No le dio tiempo a levantarse cuando de repente se sentó encima de él.

—¡Qué susto me has dado! —chilló David a la chica—, ¿cómo estás?, ¿cuándo has llegado? ¡Hacía mucho tiempo que no te veía!
—Vaya recibimiento, primito, yo también te echaba de menos —dijo ella.
—No sabía ni que venías hoy, Míriam..., ¿cómo has sabido dónde estaba?
—Miri mejor, ya lo sabes, no me hagas parecer más mayor —aclaró mientras sonreía y abrazaba de nuevo a David—, vienes aquí desde que éramos niños, ¿lo recuerdas...?

  Cuando David necesitaba estar solo, solía sentarse en aquel rincón de la playa, con la música acariciando sus oídos y con el tacto de la arena bajo sus manos.
  Míriam siempre había sido como una hermana mayor para él, aunque hacía bastante que no se veían.

En ese mismo momento, a escasos metros de David y Miriam...

—Cía, ¿qué ha pasado, por qué lloras? —preguntó Laura abrazándola.
—Ha sido por aquellos dos, ¿verdad? —dijo Marta mientras miraba a la pareja.

Silencio.

—¿Podemos irnos? —concluyó al cabo de varios minutos Cía—, preferiría no estar aquí.

  Las tres recogieron sus cosas y fueron en dirección al apartamento de Cía. Laura y Marta se miraban sin saber qué hacer o decir, no sabían de qué manera animar a su amiga.

—Chicas, si no os importa, preferiría irme yo sola a casa, necesito estar sin nadie —añadió de repente Cía.

  Asintieron con la cabeza y se despidieron de ella. Lo mejor en esos casos era hablarlo, distraerse con cualquier cosa, pero sabían cómo era Cía y lo cabezota que en muchas ocasiones había demostrado ser; así que no discutir con ella era lo mínimo que podían hacer.

  Bip. Bip. 
  Acababa de llegarle un WhatsApp. 
  Cía lo abrió pensando que sería de alguna de sus amigas, pero no, era de su madre.

"Cariño, papá y yo no comeremos hoy en casa, te hemos dejado la comida preparada dentro del microondas para que te la calientes tú, volveremos sobre las 7 u 8 de la tarde de mañana, te queremos."

  Justo lo que necesitaba, no estaba dispuesta a que sus padres le hicieran un interrogatorio de por qué tenía los ojos rojos e hinchados.
  Nada más llegar hizo lo mismo de siempre, subió a su habitación, se quitó la ropa, y se puso su camiseta de "Los Simpsons", se hizo un moño y se tumbó en la cama. No tenía hambre y solo podía pensar en quién sería la chica de la playa, por qué había abrazado a David de aquella manera, ¡y por qué David no le había dicho en ningún momento que tenía novia!
  Cerró los ojos intentando dormirse y no volver a pensar en aquella situación, pero de repente alguien llamó al timbre.
  Se levantó, se paró en el cuarto de baño para lavarse la cara, y bajo las escaleras.
  
 DING. DONG

—¡Ya voy! —chilló Cía mientras se dirigía a la puerta.

"¿Quién podrá ser ahora? —pensó— No espero a nadie..."

  No tardó en reconocerle al abrir la puerta y ver sus ojos verdes azulados.

—David..., ¿qué..., qué haces aquí?
—Bueno, no me dijiste que sí, pero tampoco me dijiste que no, te debo una comida, así que vamos.