lunes, 28 de abril de 2014

Capítulo 5.

  Cía se apartó de repente de las manos de David.

—Perdona... —dijo él en tono arrepentido— No..., no quería molestarte.
—Tengo que irme, ya hablaremos.

  Abrió la puerta de su casa y entró sin mirar atrás. Él se quedó observándola, pensando que había sido un imbécil por haberla besado sin su consentimiento, pero aún así no se arrepintió, no se lamentó de haber probado sus labios, de haber degustado su sabor.
  Cía dejó la chaqueta en el perchero de la entrada y subió las escaleras tocándose con la mano derecha la boca, mordiéndose los labios sin querer. No podía acabar de creerse qué le había pasado, por qué David había hecho aquello. Entró en la habitación y empezó a desnudarse.

—Cía, ¿eres tú? —le preguntó su madre.
—Sí, mamá, soy yo. Buenas noches.

  Dicho esto cerró la puerta y se puso una camiseta de "Los Simpsons", su preferida. Era de esas chicas que no le gustaba dormir con el típico camisón o pijama ajustado, prefería sin duda aquella prenda tres tallas más grandes de la que normalmente usaba y unas bragas cómodas.
  Se acostó, miró el móvil y lo apagó; no quiso contestar a los cinco mensajes de WhatsApp que tenía de sus amigas. Lo dejó encima de la mesa y apagó la luz. Tardó más de media hora en dormirse, en conciliar el sueño, pues David no paraba de rondarle por la cabeza.

En un apartamento cualquiera de la playa de la Barceloneta sobre las 10:30 sonaba el despertador...

  Cía puso enseguida los pies en el suelo y se levantó. Lo primero que hizo fue abrir las ventanas de su habitación y ver toda Barcelona, tan preciosa como siempre. Giró la cabeza y allí estaba, el vestido de anoche, con la mancha de la bebida.

"No fue un sueño, fue real...", pensó. "David anoché me besó".

  Se acercó a la mesita de noche, cogió el móvil que horas antes había apagado y lo encendió de nuevo. Más de veinte mensajes tenía en el WhatsApp y varias llamadas perdidas de Laura.
  Marcó su número y esperó.

—¡Neeeeeeeena!, ¿cómo quedó anoche?, no nos dijiste nada y estábamos preocupadas por ti, —escandalizó Laura— ¿a qué esperas a contárnoslo?
—Nos vemos a las 12 en la playa y os lo cuento todo, ¿vale?, pero no seáis pesadas...

  Y dicho esto, colgó.

Una hora y tres cuartos después en la playa de la Barceloneta.

—Bueno, ¿y qué, cómo besa? —dijo Laura sin cortarse.
—Pero, ¿de dónde has sacado eso? —exclamó Cía— ¡David no me ha besado!
—Qué mal mientes, cariño —dijo Marta—. Es obvio, ¿no?

  Estuvieron más de media hora hablando y riendo, cómo solo ellas sabían hacer y siempre habían hecho. Cada día estaban más guapas, más sonrientes, y eso a ella, le daba la vida. No podía permitir que los recuerdos del pasado le atormentasen, no ese verano. No por haber tragado agua en la piscina tenía que tener miedo a nadar de nuevo, y no por su pasado iba a dejar de creer en el amor.

—Cía, ¿ese no es David? —preguntó Marta extrañada.

Cía se giró al instante, esperando que fuese cierto lo que su mejor amiga le contaba, con una sonrisa en la cara. 
  Y allí estaba él, de nuevo, sentado bajo las palmeras, con sus auriculares puestos. Tenía los ojos cerrados y aún así sonreía.
  Cía no se lo pensó dos veces y se acercó, pensaba decirle que no le había importado que la noche anterior le besase, –¿pensar?, si ni siquiera podía pensar, solo deseaba probar sus labios de nuevo–, pero estando a diez pasos de él, una chica muy guapa, bastante alta y rubia se le echó encima y le abrazó. 
  Pudo oír cómo cada vez le bombeaba más rápido el corazón  y de qué manera se le estaba formando el nudo en la garganta haciendo aparecer pequeñas lágrimas en sus ojos. Así que se giró y con la cabeza agachada fue en dirección a sus amigas.

miércoles, 23 de abril de 2014

Capítulo 4.

Eran las 22:00 y a Cía solo le quedaban los últimos retoques...

   Estaba delante del espejo, llevaba un vestido de tirantes de flores que caía en forma de cascada por la parte trasera, le había dado un toque de color rosa a sus mejillas, se había puesto un poco de rímmel para destacar todavía más sus pestañas, y el brillo transparente que nunca faltaba en sus labios carnosos.

"No te pongas nerviosa", pensó Cía, "va a salir todo bien, ya verás..." 
Pero de repente se corrigió, "no, no, es que sé que va a estropearse todo, ¡con lo desastre que soy, Dios!"

DING, DONG.
El timbre había sonado tres veces, y fue a la tercera cuando Cía se encaminó hacia la puerta para abrirla.

—¿En qué pensabas? —gritó Marta—. ¡Un poco más y nos morimos de la espera ahí fuera!
—Lo siento chicas, estaba con la música a todo volumen y no os he oído —se justificó Cía.
—¡Fiu, fiu! —silbó Laura—, vaya pivonazo tenemos como amiga, ¿no?, ¿vamos a una fiesta o a un concurso de modelos?

  Las tres rieron a carcajadas, y salieron por la puerta.
  Hacía buen tiempo, apenas soplaba el viento y las estrellas iluminaban el cielo.

"Esta tiene que ser mi noche", iba pensando Cía mientras caminaba.

  Entraron en la playa, y el ambiente era muy bueno, tal y como les había dicho David. A la derecha había un pequeño escenario con varias mesas de mezclas, luces que alumbraban la playa y altavoces que hacían vibrar la arena que tenían bajo los pies. Una mesa con diferentes botellas de alcohol hacía que la mayoría de los adolescentes de la fiesta se acercasen allí.
  De repente empezó a sonar "Animals" de Martin Garrix, en el que Cía y las chicas se volvieron locas y empezaron a bailar cómo si no hubiese mañana. Cada hora que pasaba, la playa iba llenándose más y más, hasta que la gente estaba tan sumamente pegada entre ella que costaba incluso moverse. 
  Inesperadamente alguien le salpicó toda la espalda con una bebida a Cía y ésta se giró al segundo.

—¡Pero serás...!, ¡mira cómo me has puesto, el vestido era nuev... —pero antes de terminar la frase se quedó callada.

  Delante estaba David, con esa sonrisa, mirándola.

—Lo siento Cía, me han empujado y no he podido hacer nada, me han llenado demasiado el vaso esos cabrones.
—Bah, ahora ya da igual, —comentó Cía señalándose el vestido— voy a ver si voy a casa y aún me da tiempo a que no quede ninguna mancha.
—Pues espera dos minutos y voy contigo, es la una y media ya y preferiría que no volvieses sola a casa.
—Como quieras... —dijo en voz baja.

  Después de comentarles el contratiempo a sus amigas, Cía y David se fueron camino a su casa. Ella iba mirando el suelo, maldiciendo en voz baja el porqué de aquél percance, pero a la vez agradeciendo que David se hubiese ofrecido a acompañarla...

—¿Sabes?, era lo mínimo que podía hacer después de tirarte la bebida por encima —se disculpó David— y más aún si el vestido era "nuevo", conforme decías.
—No te preocupes, un accidente lo puede tener cualquiera...
—Déjame invitarte a comer mañana, conozco un sitio en el que se come muy bien por el centro, y no es muy difícil llegar.
—Ya veré, aún no sé si tendré algún hueco mañana...

  "¿Qué hueco ni que hueco, Cía?, mañana no haces nada y lo sabes", le chillaba su propia mente, "dile que sí y no te hagas la tonta".

—Ya hemos llegado, es aquí —dijo señalando un enorme apartamento dúplex con césped y piscina iluminada.
—¡Wow!, ¡vaya casa tienes!, ¿no vas a invitarme a pasar?
—Hoy no, quizá otro día. Me tengo que ir ya.
—¿No vas a darme dos besos? —le dijo con los ojos brillantes.
—Claro, claro.

  Cía se acercó a él y le dio un beso en cada mejilla, pudo oler su colonia, y ver de reojo cómo a David le aparecía una sutil sonrisa en la cara, pero al separarse de él, éste le cogió con ambas manos la cabeza, la miró y la besó con intensidad.

lunes, 14 de abril de 2014

Capítulo 3.

—Iba a irme hacia casa ya, y te he visto —dijo David—. ¿Te importa si te acompaño un trozo...?
—No, para nada, pero... —respondió Cía con extrañeza—, he quedado con mis padres para ir a cenar y tengo algo de prisa.

  No sabía por qué le había mentido, por qué de su boca habían salido esas palabras; no tenía prisa por llegar a ningún sitio, y eran las 8 y media de la tarde, por lo que sus padres aún tardarían en llegar al apartamento.

—Tengo costumbre en caminar rápido —dijo. La miró sonriendo y añadió:— Ya sabes, Barcelona es bastante grande, y, o te das prisa o llegas tarde a todos los sitios.
—Está bien, como quieras...

  David volvió a sonreír. 
  Su sonrisa era la más bonita que había visto hasta el momento, tenía los dientes con una perfecta tonalidad blanca, y además, sus labios eran de aquellos que al mirarlos te quedabas sin palabras; en resumen, la boca de David incitaba a ser besada.

  "Deja de pensar en su boca, ese chico no va a fijarse en ti y lo sabes", iba pensando Cía mientras caminaban. Le extrañaba que ella, que últimamente no solía relacionarse con nadie, estuviese allí, con él.

—...¿me has escuchado? —preguntó David confuso.
—¿Eh...?, sí, sí, perdona, ¿decías?
—No, no me has escuchado, Cía —dijo David soltando una carcajada—, llevas casi diez minutos pensando en algo, desconectada del mundo.
—Perdona, no pretendía ser maleducada; no te preocupes, no pasa nada.

  A Cía se le subieron los colores a las mejillas.

—No importa, tranquila. Me voy por ahí, ¿vale? —comentó señalando la calle contraria a la que se dirigía Cía—, a ver si nos vemos pronto.
—Claro, eso espero... —respondió ella, intentando esconder sus ganas de decirle que se moría por verle de nuevo.
—Ah..., por cierto, —añadió. Le cogió el brazo y le dijo:— mañana por la noche hay una pequeña fiesta aquí en la playa, ya sabes, buena música, buen ambiente..., lo típico, si te apetece venir, supongo que estaré por allí.

  Bingo, era justo lo que necesitaba escuchar.

—Intentaré ir, pero no aseguro nada —dijo ella soltándose de él.

  Rozarle era sinónimo de sentir escalofríos por su cuerpo, y desconocía la causa, únicamente sabía que no iba a fallar a aquella fiesta pasase lo que pasase.

—Espero verte... —dijo David. Le guiñó un ojo y se fue.

  Solo quedaba un día, pero a ella iba a parecerle una eternidad.

Al día siguiente en un apartamento cualquiera de la playa de la Barceloneta sobre las 11:30 en el grupo de WhatsApp de las chicas...

"Cía: No hagáis planes para esta noche, chicas, tenemos fiesta en la playa.
Marta: Con quién has quedado esta vez, ¿eh?, jajaja
Laura: ¿Fiesta, en la playa?, explica que me pierdo, nena.
Cía: David me ha dicho que esta noche hay fiesta, buen ambiente y tal..., y he pensado, ¿por qué no?
Laura: Por mí perfecto, eh, y encima con él, pues... no hace falta decir más, jajaja
Marta: Claro, por qué no, allí estaremos."

  Cía pasó el día pensando en qué se pondría, en qué iba a decirle a David al verle, qué iba a pasar esa noche...
  Estaba nerviosa y lo único en lo que podía pensar era en él.

lunes, 7 de abril de 2014

Capítulo 2.

—Lo siento, me tengo que ir, —dijo ella cogiéndole el balón y despidiéndose con la mano— a ver si nos vemos pronto.
Claro —contestó David casi balbuceando—, cuando quieras.

  Cía se fue, con el pelo al viento, con esa silueta que a cualquiera en su sano juicio embelesaría, mientras lanzaba al aire el balón lleno de arena que David le había dado, sus amigas le observaban llegar, y él la seguía con los ojos brillantes conforme iba alejándose.

  "¿Y ahora qué?", pensó David. "No puedo quedarme como un idiota observándola sin que se dé cuenta, pero tampoco deseo irme, porque seguramente no la volveré a ver..."

En ese mismo momento, a varios metros de David...

—¿Lo has visto bien? —gritó Marta como una loca— ¡Está muy bueno, Cía!
—Estoy de acuerdo con Marta, —afirmó Laura— le habrás preguntado al menos el nombre, ¿no?
—Se llama David, si tanto os interesa, —dijo Cía con un tono bastante seco— y ahora, ¿podemos seguir jugando, chicas?

  Marta y Laura no añadieron nada y se hicieron a la idea de que el "Tema David" no iba a salir más durante aquella tarde, que se había zanjado, al menos por el momento.
   Desde que Álex y Cía lo dejaron, ella apenas había tenido ganas de nada, no le apetecía salir de fiesta como cualquier chica de dieciocho años, prefería quedarse en casa leyendo alguna que otra de sus sagas favoritas como "Cincuenta sombras de Grey" o "Los juegos del hambre", y ver películas hasta quedarse dormida.
  
  Había llegado a Barcelona hacía apenas dos semanas, iba a quedarse allí durante los dos meses de verano con sus padres, y aunque ella no quería irse de su pequeña Zaragoza, sabía que era lo mejor para intentar olvidarle. Quería pasar página de una vez por todas, —¡qué decía pasar!, quería quemar el libro— y el verano era su mejor solución.
  Continuó jugando con Marta y Laura, aunque sin poner sus cinco sentidos en el juego, en su mente no paraba de salir aquel chico, y no, ella se negaba a seguir pensándole, no quería volver a pillarse por nadie, pues bastante mal lo había pasado.

—Nena, ¿te pasa algo?, ya has perdido el balón cincuenta mil veces, y eso es muy raro en ti —le dijo Marta.
—No, no, para nada, simplemente estoy cansada, creo que me voy a ir a casa... —contestó Cía con un tono apagado de voz.
—Como quieras, Laura y yo tampoco tardaremos en irnos, pero de momento nos quedamos, a ver si tenemos tanta suerte como tú y ligamos, que ya es hora —le respondió soltando una carcajada—, mañana nos vemos a la misma hora.

  Cía se despidió de sus dos amigas y comenzó a caminar hacia su apartamento, se puso los cascos y eligió la primera lista de reproducción de música, "Pentagramas" de Rasen sonaba en sus oídos y eso era lo único que necesitaba.
  De repente, alguien le tocó la espalda, y ella se giró asustada, era extraño, ya que nadie la conocía allí salvo sus amigas, y ellas se habían quedado en la playa; pero enseguida le reconoció, esos ojos verdes azulados y esa capucha...
David.